Cada pieza animada que sale de la escuela pasa por el mismo recorrido: se piensa, se boceta, se prueba y se corrige antes de grabar el último cuadro. Aquí está el orden real de trabajo, con las pausas y los límites que nos hemos encontrado al producir stop motion en casa o en un cuarto adaptado.
Los tiempos cambian según el formato: un ejercicio de práctica puede resolverse en una sesión, mientras que un proyecto narrativo con varios planos requiere varias semanas de trabajo sostenido. Si quieres ver cómo se aplican estos pasos en ejercicios concretos, revisa las referencias del método o consulta el enfoque de trabajo que seguimos en cada taller.
Cada curso está armado sobre la misma idea: se aprende animación animando. Antes de la teoría viene el ejercicio, y después la revisión honesta de lo que quedó en pantalla.
Trabajamos timing y espaciado con ejercicios cortos: una pelota que rebota, un personaje que duda antes de cruzar. Aprendes a leer la cadencia en el timeline y a corregirla cuadro por cuadro hasta que el movimiento deja de sonar mecánico.
En los talleres de storyboard no dibujamos bonito: decidimos encuadre, duración y qué plano necesita más información. Sales con tableros que tu equipo de set puede seguir sin adivinar, y con criterios para saber cuándo un boceto ya está listo.
Un decorado pequeño tiene que soportar horas de manipulación, cambios de luz y ajustes de cámara. Revisamos escalas, materiales y anclajes para que el set acompañe la producción en lugar de convertirse en el problema del día.
Las videoclases se complementan con revisiones sobre tus propios archivos. No hay calificación: hay observaciones sobre continuidad, iluminación y ritmo, y una ruta clara de qué ajustar antes de la siguiente prueba.
El recorrido cierra con un proyecto narrativo propio: guion breve, planificación, captura y montaje. La idea es que termines con una animación que puedas mostrar y con el proceso documentado para repetirlo.